
En el Salmo 150, se nos exhorta a alabar al Señor con pandero y danza. Creemos que la danza es una manera bíblica y hermosa de ministrar al Señor con todo nuestro ser, siendo también un canal de bendición, donde la iglesia es motivada a celebrar con júbilo a Dios.
De la misma forma que María y Aarón danzaron cuando dejaron la cautividad de Egipto, así también nosotros nos regocijamos viendo como Dios ha cambiado nuestro lamento en baile. Es un privilegio para nosotros, poder festejar de esta forma la majestad y grandeza del Señor en todas nuestras reuniones especiales.
Salmo 150
¡Aleluya!
¡Alaben a Dios en su santuario!
¡Alábenlo en su majestuosa bóveda celeste!
¡Alábenlo por sus hechos poderosos!
¡Alábenlo por su grandeza infinita!
¡Alábenlo con toques de trompeta!
¡Alábenlo con arpa y salterio!
¡Alábenlo danzando al son de panderos!
¡Alábenlo con flautas e instrumentos de cuerda!
¡Alábenlo con platillos sonoros!
¡Alábenlo con platillos vibrantes!
¡Que todo lo que respira alabe al Señor!
¡Aleluya!